SERVICIOS PÚBLICOS

Una de las situaciones más críticas para la calidad de vida en las islas, es el bajo acceso a agua potable. Ni en el archipiélago del Rosario ni en el de San Bernardo se cuenta con una fuente de agua dulce natural fuera de la lluvia.
Las estrategias de acceso al agua dulce se basan en sencillos sistemas de recolección casera que realizan los nativos, en época de lluvia. Los grandes hoteles y casas de recreo cuentan, por la general, con albercas grandes, que llenan con agua lluvia o con bongos que traen el agua desde el continente. Muchos nativos acuden a estas albercas a comprar o a que les regalen agua (Invemar, 2006; PNN, 2011).
Archipiélago de Nuestra Señora del Rosario
Para el caso de Isla Grande la capacidad del aljibe comunitario es de 154 m3. Sin embargo, este no logra proveer el recurso a toda la comunidad. Según el estudio de TNC-Invemar (2012), en promedio, las familias consumen diariamente 4 tanques de 5 galones, incrementándose el consumo cuando se lava la ropa, en este caso el consumo asciende a aproximadamente 10 o 12 tanques en total por familia (TNC-Invemar, 2012).
El sistema de alcantarillado, que sería el encargado de la recolección y vertimiento final de las aguas servidas no existe. Las aguas residuales de lavado y cocina se vierten en el patio para regar las plantas o en la calle. El 50 % de las viviendas cuentan con letrina seca y 17,1 % tiene el sistema de letrina tradicional, mientras que el 11 % no cuenta con baño, por lo que las necesidades fisiológicas se hacen en campo abierto. “Es importante aclarar que algunos de los hogares con letrina y pozo séptico, no cuentan con las condiciones de infraestructura que permita darle un manejo adecuado a las aguas servidas, generando filtraciones y malos olores que se traducen en problemas de contaminación, y a su vez, en focos de enfermedades” (TNC-Invemar, 2012)
En cuanto al manejo de residuos sólidos en Isla Grande se trabajó por varios años en la conformación y fortalecimiento de la cooperativa “Isla Limpia” la cual está conformada por un grupo de mujeres comunitarias (Durán, 2006). “Después de la jornadas de recolección, los residuos son transportados a un centro de acopio temporal en donde son reclasificados por el personal, empacados en los sacos y costales de Urbaser y almacenados hasta la próxima llegada de la barcaza que los transportará hasta el muelle de Bazurto en Cartagena (…)” (TNC-Invemar, 2012).
Las islas del Rosario no cuentan con servicio de energía eléctrica, por lo tanto la comunidad tiene dos fuentes principales de aprovisionamiento: paneles solares y plantas eléctricas de ACPM o gasolina. De acuerdo con TNC-Invemar (2012) el 48,8 % de los encuestados no cuentan con ningún artefacto que provea energía, iluminando sus casas con velas; el 23,9 % cuenta con paneles solares en funcionamiento; el 12,2 % se abastece con planta propia; el 7,3 % comparte una planta eléctrica entre los vecinos y el 2,4 % tiene linternas a gas.
Para el caso del uso de combustible para la cocina el 50 % de la población utiliza leña que, el 40,2 % tiene servicio de gas en su casa y el 9,8 % cuenta con gas y leña.
Santa Cruz del Islote
En el caso del Islote, existe el Comité de agua, el cual se encarga de administrar el aljibe comunitario donado por el hotel Punta Faro hace aproximadamente 5 años. Este se encuentra ubicado debajo del área del puesto de salud, con una capacidad total de aproximadamente 480 toneladas. El sistema de recolección es a través del agua lluvia el cual está montado sobre las casas vecinas al centro de salud.
En época de sequía (de diciembre a mayo), se pide agua a la Armada Nacional, la cual provee aproximadamente 150 toneladas y es traída desde Cartagena. Esta agua es vendida a los pobladores de la isla a un costo de 300 pesos por galón. Cada casa tiene derecho a comprar 3 tanques de 5 galones máximo (TNC-Invemar, 2012).
En promedio, las familias utilizan diariamente 20 galones de agua, los cuales se usan para higiene y alimentación. El gasto y consumo de este recurso se incrementa con el lavado de ropa (un promedio de 40 galones); el 9,6 % de los pobladores utiliza la laguna de la isla de Tintipán para estas actividades. La purificación del agua solo se realiza cuando el DADIS realiza jornadas de salud y saneamiento y ofrece los productos requeridos para ello (TNC-Invemar, 2012).
Ante la ausencia de servicio de alcantarillado, los habitantes de las islas acuden a las deposiciones a campo abierto y desagües directos al mar (UAESPNN, 2006). De acuerdo con TNC-Invemar (2012), el 69 % de la población encuestada no cuenta con sanitario.
En cuanto al manejo de basuras se hace a través de Urbaser, quien ha asignado a una persona en la isla que cumple con las funciones de recolección y acopio de basura. La recolección se hace día por medio, la basura recogida se transporta hacia Rincón una vez al mes y posteriormente se traslada a Cartagena. El sistema de almacenamiento y traslado en ocasiones no tiene capacidad para retirar todos los sacos de basura recolectados, por lo tanto, muchas veces estos quedan en el centro de acopio hasta por dos meses (TNC-Invemar, 2012).
Ante las precariedades del sistema de manejo de residuos, los desechos sólidos son utilizados para la expansión de terrenos o son arrojados directamente al mar. El estudio realizado por Invemar (2006), revela que para gran parte de los habitantes, tales formas de disposición no revisten ninguna problemática pues “de todas maneras la corriente se lleva las basuras”.
En el Islote el servicio de luz se presta a través de una planta comunitaria donanda por la Fundación Surtigás, la cual es administrada por el consejo comunitario. Cada casa tiene que pagar diariamente $2500 pesos para contar con 5-6 horas de luz en las noches, pero el servicio solo se presta a 58 casas de 84 que existen en la isla. Las unidades comerciales, como tiendas y restaurantes, deben pagar un porcentaje mayor para el abastecimiento de energía de sus negocios (TNC-Invemar, 2012).
La población ha desarrollado, tradicional e históricamente, estrategias para atender sus necesidades específicas de sobrevivencia, aunque estas no sean amigables con el ambiente. Asuntos como la provisión de agua o el manejo de desechos no son necesidades que la población solucione a partir de una mediación institucional, bien sea de carácter privado o público, por lo tanto se han construido este tipo de prácticas culturales para atender estas demandas. En ese sentido, si el acceso al agua o el manejo de desechos no se han constituido en “servicios”, la comunidad asume esto como asuntos solucionables por cuenta propia.

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