CALIDAD DE VIDA

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El nivel de vida tanto en Orika como en Santa Cruz del Islote es precario si se considera la falta de acceso a la educación formal en todos los niveles, a la salud, al agua potable y al saneamiento básico, que constituyen y agudizan las condiciones de pobreza y vulnerabilidad de la población y restringe las posibilidades de superarla.

A partir del indicador de necesidades básicas insatisfechas se identifica que la población de los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo cuenta con unas condiciones precarias de vivienda, hacinamiento crítico, falta de acceso a servicios de agua potable y alcantarillado y una alta dependencia económica con un NBI de 82,72 % de la población que se encuentra en estas condiciones (Departamento Nacional de Planeación, citado en Invemar, 2012).

Como se ha mencionado antes, escasamente los pobladores logran alcanzar niveles de formación técnica, tecnológica o profesional y, quienes lo logran, tienden a ubicarse laboralmente fuera de sus contextos locales, a falta de opciones que respondan a sus niveles de cualificación. Quienes permanecen en la isla, cuentan con ingresos precarios y sus actividades económicas se ubican en posiciones de subordinación; de manera que no se logra superar condiciones históricas de desigualdad y exclusión.

Estas barreras son tangibles en los pobladores de los archipiélagos quienes no logran superar sus precarias condiciones de vida, pese a la proyección turística de estas zonas. El economista William Prieto, quien participó como investigador en el convenio Universidad de Cartagena-Surtigás, hace un análisis evaluativo del desarrollo local en Orika, y anota que el impresionante desarrollo turístico no se compara con el rezago que se observa en el desarrollo humano de la población raizal afro-descendiente (Surtigás, 2011).

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