FACTORES DE VULNERABILIDAD

Amenaza sísmica

En el Caribe centro-sur colombiano la actividad sísmica está influenciada por los cinturones plegados del Sinú y San Jacinto, se manifiesta tanto en la parte continental como marina desde la desembocadura del río Magdalena hasta el golfo del Darién (Invemar et al., 2003).

El estudio de amenaza sísmica de Colombia realizado por la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica (1996), concluyó que el área perteneciente al PNNCRSB se encuentra dentro de una zona de amenaza intermedia, debido a que hace parte de dos cinturones (San Jacinto y Sinú) que se caracterizan por un factor deformante del terreno asociado al diapirismo de lodos (Rangel-Buitrago, 2011).

Desde el año de 1975 dentro del área de estudio han sido reportados por la Red Sismológica de Colombia y el NEIC (National Earthquake Information Center), 6 epicentros de sismos los cuales tienen magnitudes mayores de 3 y profundidades máximas de 52 km. La magnitud y distribución de estos fenómenos es suficiente para producir debilitamientos y pérdidas de terreno significativas dentro de la zona litoral en pequeños períodos de tiempo (especialmente en el litoral rocoso de origen calcáreo) (Rangel-Buitrago, 2011).

Se debe tener en cuenta que muchos sismos, especialmente los de magnitudes pequeñas (capaces de general debilitamientos, desprendimientos de material y erosión), podrían no estarse detectando ya que no se encuentran estaciones cercanas a la zona de estudio (las más cercanas se encuentran en el Cerro Kennedy (KENC), Magdalena; Capurganá (CAPC), Chocó; y Ocaña (OCAC), Norte de Santander). Esto pone de manifiesto que la aparentemente “escasa” actividad sísmica registrada no necesariamente es debida a la poca actividad de las fallas, sino probablemente a la deficiencia en la cobertura de la red sismológica (Rangel-Buitrago, 2011)

Huracanes

De acuerdo con Rangel-Buitrago (2011), los huracanes son agentes naturales de perturbación más frecuentes y de mayor impacto en los ecosistemas marinos y costeros continentales e insulares (Blasco, 1984; Scheffer et al., 2001). En particular en la región Caribe, los huracanes han afectado ecosistemas como los arrecifes coralinos (Rogers, 1993; Gardner et al., 2005), provocando pérdidas de cobertura coralina viva (hasta del 50 %), y alteraciones en su crecimiento, zonación y estructura moderna de sus arrecifes (Rogers et al, 1997; Treml et al., 1997). También se han registrado daños sobre los manglares y las praderas de pastos marinos (van Tussenbroek, 1994; Roth, 1997; Ross et al, 2001; Salazar-Vallejo, 2002), mientras que las playas han sido fuertemente erosionadas (Cambers, 1997).

Aunque el área del PNNCRSB no se encuentre en medio de las rutas frecuentes de los huracanes, Brett demostró que existe la posibilidad que un evento de este tipo varíe en su ruta. De esta manera, el archipiélago de Nuestra Señora del Rosario puede llegar a ser afectado por los huracanes o por los efectos de estos (esto es: “mar de fondo”), por su ubicación. En cambio para las islas del archipiélago de San Bernardo por encontrarse más hacia el sur, es posible que los efectos de los huracanes no lleguen a generar impactos. Un estudio realizado por Gonzáles (1990), indica que el promedio de huracanes por año en la zona de Cartagena de Indias D.T. y C. y en el PNNCRSB, es de 0,08 y con una probabilidad de ocurrencia del 8 %. De igual manera la probabilidad de retorno de un huracán en la zona de estudio es de 12 años.

Mar de leva

Los mares de leva son aumentos anormales en la altura del oleaje ocasionados por el efecto de la fricción entre la superficie del mar y la masa de aire atmosférico en movimiento en forma de viento, el cual es intensificado con el paso de sistemas de mal tiempo (bajas presiones) que empujan las aguas oceánicas hacia la costa causando oleaje fuerte (Invemar, 2003). Los impactos de este tipo de eventos se evidencian dentro del PNNCRSB asociados a un aumento significativo en la altura de oleaje y a su posterior ingreso en zonas bajas donde producen inundaciones y daños en infraestructuras tanto naturales como antrópicas.

Este fenómeno se presenta todos los años en la época seca del Caribe (entre diciembre y abril) teniendo una mayor regularidad entre enero-marzo, gracias a una importante influencia de los vientos alisios. Se calcula que los mares de leva pueden repetirse hasta cuatro veces en un solo mes y afectar a toda la costa del mar Caribe colombiano, en especial las áreas insulares (Rangel-Buitrago, 2011).

Aumento en el nivel del mar

La principal amenaza de origen natural es el ascenso del nivel del mar, cuyo impacto se evidencia claramente en la erosión de los acantilados, terrazas arrecifales y marinas. Torres et al. (2006), analizaron las series temporales de datos provenientes de mareógrafos ubicados en Cartagena y Panamá, para los períodos 1907-1997 y 1952-1992 respectivamente, llegando a estimar que si las condiciones se mantienen, el nivel del mar continuará su ascenso a una tasa de entre 2,01 mm y 3,58 mm. Hendry (1993) sostiene que desde el Holoceno (últimos 10.000 años) el aumento del nivel del mar se ha mantenido a tasas inferiores a 0,5 cm/año. En cualquiera de los casos, para el año 2040 el nivel del mar aumentaría unos 20-30 cm y al 2100 el incremento sería de 1 m (Invemar, 2003a), lo que se estima una cifra importante si se considera la regla de Brunn que establece que por cada centímetro puede haber un retroceso de hasta un metro de línea de costa (Invemar, 2003b; Batista-Morales & Díaz-Sánchez, 2011).

Dentro del PNNCRSB los verdaderos efectos de este fenómeno no han sido estimados con exactitud debido a la poca información instrumental con la que se cuenta (solo existe un mareógrafo ubicado en la ciudad de Cartagena). Sin embargo, los datos existentes sobre las variaciones en el nivel del mar en el Caribe colombiano, registran ascensos de 15 a 22 cm en los últimos 100 años (Andrade, 2002; Restrepo et al., 2008). A partir de estos valores se calcula que pueden esperarse aumentos del orden de 2 a 5 mm por año, que llegarían a alcanzar entre 80 cm y 1 m para el año 2100. Estos valores de aumento en el nivel del mar para islas, zonas planas, e incluso muchas de ellas un poco deprimidas cercanas a la línea de costa (esto es: Islas de Rosario, archipiélago de San Bernardo), significan la pérdida paulatina de grandes áreas de terreno y la extensión de las inundaciones ocurridas durante los períodos invernales. De igual forma en los litorales rocosos estos ascensos influirían negativamente, principalmente en aquellas áreas formadas por rocas blandas o fuertemente afectadas por procesos estructurales (caso de la franja litoral rocosa del PNNCRSB) (Rangel-Buitrago, 2011). De acuerdo con esto, de persistir el progresivo aumento del nivel del mar es previsible que en los próximos 50 a 100 años las islas que conforman los archipiélagos de San Bernardo y del Rosario puedan haber desaparecido al menos parcialmente (López-Victoria, 1999 citado en Invemar, 2003).

Muchas de las poblaciones costeras insulares, las obras de infraestructura vial o de servicios y los sistemas productivos o de extracción de las comunidades que están asentadas en estas zonas, se ven afectadas por este fenómeno, razón por la cual es necesario tomar medidas de adaptación o protección (Rangel-Buitrago, 2011).

Erosión costera

Durante los últimos 50 años, en los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo la acción erosiva ha sido persistente como resultado de la acción constante del oleaje y el progresivo aumento del nivel del mar, por lo que algunos sectores han experimentado tasas de erosión que varían entre 0,5 y 1,0 m a-1 (Restrepo et al., 2011). En Isla Grande por ejemplo la erosión es muy alta (Figura 1-11), con bloques caídos, pináculos, socavamiento hacia la base de las terrazas, árboles caídos y raíces expuestas, con lugares donde la terraza se dispone en parches debido a que está parcialmente destruida (Posada et al., 2011).

Figura 1-11. Erosión en Isla Grande.

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De acuerdo con Posada et al. (2011), el porcentaje de erosión calculado para las islas es del 39 % de su litoral, lo que muestra la gran afectación de este fenómeno, particularmente para las playas, erosionadas en un 63 % (Tabla 1-4).

Los procesos erosivos básicamente están relacionados con el deterioro que sufre la terraza coralina ante su exposición a los agentes atmosféricos y marinos (escorrentía y oleaje), ocasionando su disolución parcial y consecuente fracturamiento y caída de bloques y el retroceso de la línea de costa (Posada et al., 2011). De acuerdo con Invemar-MADS (2012), en islas como Ceycén y Maravilla (archipiélago de San Bernardo) el proceso erosivo se ha acelerado por la tala indiscriminada de manglar y la extracción de coral.

Tabla 1-4. Erosión costera asociada a las diferente geoformas en los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo

GEOMORFAS DEL BORDE COSTERO LONGITUD ENKM LONGITUD CON EROSIÓN EN KM LONGITUD CON OBRAS DE PROTECCIÓN EN KM
Costa con playa 6,631 4,163 1,686
Costa con terrazas coralinas 26,906 10,564 3
Costa con pantanos intermareales 36,465 12,384 0,406
Longitud total de la línea de costa 70,002 27,11 5,092

Fuente: Posada et al., 2011.

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