DIMENSIÓN ECONÓMICA

Pesca

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Debido a la situación geográfica y geomorfológica en la que se hallan los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo, se encuentran formaciones arrecifales desarrolladas rodeadas de praderas de pastos marinos, manglares, litorales rocosos y fondos blandos (Díaz et al., 2000); proporcionando así una gran variedad de hábitats con características que permiten el desarrollo de una alta biodiversidad de peces marinos, crustáceos y moluscos entre otros (PNN, 2011); razón por la cual la actividad pesquera en los archipiélagos se lleva a cabo por parte de las comunidades residentes de Isla Grande y Santa Cruz del Islote como una de las principales actividades económicas y de subsistencia en el área, de la cual dependen no solo aquellos que ejercen este oficio sino sus familias (Durán, 2007; Martínez-Viloria et al., 2011; Cardique- UJTL, 2010; Invemar, 2011).

Es importante mencionar que no todos los pescadores que realizan esta actividad en los archipiélagos pertenecen a las comunidades locales, algunos provienen de otras regiones como la península de Barú, Cartagena, Bocachica, Berrugas, Rincón del Mar y Tolú, entre otros (Invemar, 2011; Martínez-Viloria et al., 2011).

En el archipiélago de San Bernardo, la pesca artesanal es la actividad más importante que genera ingresos ya que es realizada tanto con fines comerciales como para subsistencia con un número aproximado de 350 pescadores pertenecientes al Islote, Múcura y Ceycén que pescan de manera permanente, encontrándose que el 80 % de las familias son dependientes de esta actividad económica, como principal ocupación generadora de recursos (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

Estas unidades económicas de pesca (UEP) se caracterizan por realizar pesca costera o de bajura, utilizando diferentes artes de pesca, con los cuales capturan invertebrados como langosta, caracol, cangrejo y pulpo, y peces pelágicos demersales y arrecifales (CIOH-Cardique, 1998; Invemar, 2011; Martínez-Viloria et al., 2011). Para el archipiélago de San Bernardo, se reporta que el caracol (E. gigas) pala es una de las especies de mayor interés comercial seguido de la langosta (P. argus), el pulpo (Octopus sp.) y peces como la sierra (Scomberomorus brasiliensis), el bonito (Euthynnus alletteratus) y los pargos (Lutjanus sp.), aunque la picúa (Sphyraena barracuda), el pámpano (Trachinotus falcatus), la cojinúa (Caranx bartholomei), la cachorreta (Auxis sp.), la cherna (E. striatus), la cabrilla (Mycteroperca bonaci) y el ronco (Haemulon sp.), son especies también que tienen un valor comercial (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

Los artes de pesca más importantes para el desarrollo de la actividad pesquera realizada en San Bernardo son la línea de mano, con técnicas mediante fondeo o carreteo, el buceo con rifle o arpón, lazo, trasmallo, palangres, boliches y en menor cantidad la varilla, esta última utilizada para el caso de la pesca de langosta; de estos artes anteriormente mencionados, la línea de mano y el buceo son los más usados, aunque este último depende de las condiciones de turbidez del agua según la temporada (seca o lluviosa) por lo que no es permanente durante todo el año (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

En el archipiélago de San Bernardo el tipo de embarcaciones que predominan son los cayucos o canoas de madera y en menor proporción los botes construidos en fibra, dichas embarcaciones tienen dimensiones de 1 metro de ancho por cuatro metros de largo, donde aquellas que emplean motor fuera de borda a gasolina están entre 9,9 y 75 HP (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

Captura y esfuerzo

En el PNN Corales del Rosario y San Bernardo para el período comprendido entre los años 2007 y 2010, se reportó una captura estimada de 348.863 kg para todo, de los cuales 76.102 kg, incluyendo peces, crustáceos y moluscos fueron especies catalogadas en alguna categoría de amenaza, de las cuales siete se encuentran en estado vulnerable (VU), tres en peligro (EN), una en peligro crítico (CR) y una casi amenazada (NT) (Figura 2-7a); dentro de estas especies que están catalogadas, la cangreja (M.spinosissimus), las langostas (P. argus, P. guttatus y Scyllarides aequinoctialis), el caracol pala (E. gigas) y los pulpos (Octopus spp.) son las de mayor importancia comercial en el archipiélago. De estas, la que mayor captura registra es la cangreja con 36.028 kg, seguida por las langostas con 31.736 kg, el caracol pala con 15.568 kg y los pulpos con 1.289 kg (Figura 2-7b).

FIGURA 2-7. A. COMPOSICIÓN DE LA CAPTURA TOTAL DEL GRUPO DE ESPECIES QUE PRESENTAN ALGÚN GRADO DE AMENAZA PARA EL PERÍODO COMPRENDIDO ENTRE 2007 Y 2010. B. COMPOSICIÓN ANUAL DE LA CAPTURA DE INVERTEBRADOS MARINOS PARA EL PERÍODO COMPRENDIDO ENTRE 2007 Y 2010.

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Fuente: Martínez-Viloria et al., 2011

La duración de las faenas de las UEP de los diferentes artes que se emplean en la zona es variable, algunas abarcan el día, la noche o 24 horas seguidas, siendo una actividad de subsistencia pero que se puede combinar con el comercio (hoteles y residentes) dependiendo de las capturas (Invemar, 2003; Martínez et al., 2007).

Para el caso del archipiélago de San Bernardo, el esfuerzo pesquero puede variar ya que está estrechamente relacionado con la duración de cada una de las faenas con jornadas de entre 5 y 8 horas diarias dependiendo del tipo de arte empleado, en términos generales comprende desde las 6:00 a.m. hasta la 1:00 p.m. de la tarde; en labores desarrolladas de lunes a sábado; sin embargo con las líneas de mano se emplea las horas de la mañana mientras quienes pescan con artes como trasmallos y otros redes de enmalle se utiliza las horas de la noche, lo cual requiere un mayor nivel de esfuerzo en el trabajo desempeñado. No obstante, los pescadores consideran que las jornadas de pesca cada vez son menos productivas ya que las cantidades extraídas no llegan a sobrepasar valores para compensar el gasto diario en comida encontrándose que las cantidades capturadas reportadas actualmente son en promedio de 2 a 5 kilos para el caso de los buzos y en el caso de los dedicados a la pesca con otros artes los valores promedio fueron de 30 kilos de pescado por faena (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

El esfuerzo pesquero que se lleva a cabo en cada uno de los artes empleados en el sector de San Bernardo es en términos generales menor con relación a la captura por unidad de esfuerzo (CPUE) (Figura 53a), esto podría atribuirse, según Martínez-Viloria et al. (2011), a una aparente mayor disponibilidad del recurso; razón por la cual la captura estimada entre el 2007 y 2010 de 282.456 kg correspondió al archipiélago de San Bernardo (Figura 53a). Por otro lado en el sector de islas del Rosario, el esfuerzo difiere en los dos artes de pesca más utilizados ya que en el buceo mixto hay un incremento debido a que el esfuerzo es dirigido a especies particulares, mientras que la línea de mano presenta un mejor rendimiento de captura, evidenciándose en la captura estimada (66.406,8 kg) entre el 2007 y 2010 (Figura 53b).

FIGURA 2-8. RELACIÓN DEL ESFUERZO Y LA CPUE DE LOS PRINCIPALES ARTES DE PESCA Y COMPOSICIÓN DE LA CAPTURA TOTAL ESTIMADA POR GRUPO DE ESPECIES, PERÍODO 2007-2010. A. SECTOR DE SAN BERNARDO. B. ISLAS DEL ROSARIO.

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Fuente: Martínez-Viloria et al., 2011.

Áreas de pesca

Los principales caladeros de pesca están determinados por el acceso a embarcaciones con motor (bajo Largo, bajo Rosario, bajo Nipa, bajo Intermedio, bajo Las Palmas, bajo Canseco, bajo Tortuga y Tortuguilla) o sin motor (bajo Las Rosas, bajo La Perra, bajo Riscales, bajo Las Chernas, y el área de buceo cercana a la isla del Rosario (Invemar, 2003; Martínez-Viloria et al., 2011).

En el sector del archipiélago de San Bernardo, la pesca no depende de los peces pelágicos sino de las diferentes especies que habitan los numerosos bajos o arrecifes circundantes a las islas de los cuales se obtiene el total de las capturas, por lo cual es de vital importancia el conocimiento de su ubicación sobre todo cuando las faenas se llevan a cabo en horas de la noche. Los caladeros donde se desarrolla el total de la actividad son Minalta, Bajo Volcán de Ceniza, Rico Pepe, Los Machos, bajo Islas Ahogadas, Labio Ahorcado, Sanganda, bajo Nuevo, Caribaná, Palomo, Palomar, Esmeraldas, Las Piedras, Guam Marcelo San Agustín y Patancoro (Figura 54).

FIGURA 2-9. UBICACIÓN DE LOS CALADEROS DE PESCA PARA EL SECTOR DE SAN BERNARDO

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Fuente: Invemar-UAESPNN-NOAA (2005).

Aspectos bioeconómicos

La comercialización de los productos de la pesca se lleva a cabo a través de acuerdos no formales de algunos pescadores con comercializadores de ambos archipiélagos, los cuales realizan compras semanales de 500 kg gracias a la demanda de empresas de Tolú y Cartagena (Invemar et al., 2003). El ingreso bruto diario por pescador se encuentra entre $7000 y $31.000 de acuerdo a la cantidad de producto pesquero que se consiga en la faena, ya que los precios varían por especie, sin embargo el precio puede aumentar en la temporada alta, la cual constituye una época de mayor demanda del recurso pesquero para todas las especies (Tabla 2-6).

TABLA 2-6. ESPECIES COMERCIALES PARA LOS ARCHIPIÉLAGOS Y PRECIOS PROMEDIO.

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Fuente: Invemar, 2012; Cardique-UJTL, 2010. *Información no disponible.

En el archipiélago de San Bernardo el ingreso promedio por pescador correspondiente a cada faena de pesca oscila entre $7.000 y $30.000 por día, sin embargo en Múcura estos son más bajos ($5.000-$27.000), aunque estos valores corresponden a ingresos totales por faena en los cuales no se tienen en cuenta los gastos en los que se incurren en esta actividad; aquellos que se dedican a la pesca a través del buceo obtienen una mayor retribución monetaria, ya que en esta actividad no se incurre con gastos en combustible generándose un nivel mayor de ganancia, no obstante el esfuerzo representado en la actividad física de esta actividad es mayor (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

De acuerdo con lo anterior, la ganancia que se obtiene producto de las faenas productivas, suele ser transitoria la mayor parte del tiempo; lo cual no garantiza la sostenibilidad económica de este tipo de ocupación, debido a la fluctuación en las cantidades capturadas y las tallas de captura de especies de interés comercial; por lo que en este archipiélago la ganancia obtenida se relaciona directamente con el número significativo de pescadores, enfrentándose a recursos cada vez más escasos, limitándose cada vez más la posibilidad de una adecuada actividad artesanal para la población del lugar (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

Presiones de la actividad pesquera

Prácticas inadecuadas de pesca

Las técnicas de pesca utilizadas tradicionalmente por los pescadores de los archipiélagos del Rosario y de San Bernardo han sido básicamente: el nylon (mediante fondeo o correteo), el rifle o arpón, en menor escala el chinchorro y la varilla (para pesca de langosta), atarraya, trasmallo, red agallera y nasa (CIOH-Cardique, 1998). Uno de los métodos de pesca que más causa destrucción en el entorno marino es la dinamita cuya práctica a pesar de ser prohibida, aún se realiza en muchos casos de manera indiscriminada para la obtención de sardina como carnada diaria para la pesca (Becerra et al., 1998, citado en Invemar et al., 2003; Alcaldía de Cartagena, 2001; Rojas et al., 2006; López-Angarita et al; 2011; Invemar, 2011). El uso de redes de enmalle tipo monofilamento “trasmallos” con mayores longitudes y con ojo de malla de menor diámetro ,son cada vez más frecuentes, contribuyendo a la sobrepesca de los recursos, debido a que capturan ejemplares pequeños que aún no han alcanzado la madurez sexual.

El uso inadecuado de las artes o métodos de pesca provoca la pesca indiscriminada y en exceso, lo que de acuerdo con Cardique-UJTL (2010) puede llevar a la afectación y agotamiento de las comunidades de peces y otros organismos vivos colocando en peligro la seguridad alimentaria de las comunidades que se encuentran dentro y en zonas aledañas a los archipiélagos. López-Angarita et al. (2011) reportan que debido a que los peces comerciales han disminuido, los pescadores han iniciado la explotación de especies sin importancia comercial tradicional como los peces loro. La extracción de especies claves como los herbívoros, causa efectos serios en las dinámicas del ecosistema debido a que los grandes herbívoros como los peces loro cumplen una función crítica controlando las poblaciones de algas que compiten con los corales (Lirman & Lirman, 2001, citado en López-Angarita et al., 2011).

Según Cardique-UJTL (2010), el impacto que estas prácticas de pesca generan es alto para el caso del arpón, trasmallo, pala o gancho; medio para la atarraya y bajo para la nasa y el nylon. La explotación intensiva puede determinar la “extinción comercial”, pues reduce la diversidad genética de las especies que son objeto de ella, generando una situación de cuello de botella, y por lo tanto las hace más vulnerables a cualquier fenómeno estocástico que afecte a la población

Los efectos de la pesca sobre la biodiversidad marina generan impactos, ya que la poca selectividad de algunos artes utilizados como línea de mano, buceo mixto y redes de enmalle no solamente se centran en las especies objeto de captura sino que también llevan a cabo la extracción incidental de especies de menor importancia económica afectando los ecosistemas (Figura 55), además de generar la disminución en las tallas de los animales. Dicho impacto se debe en su mayoría al aumento de la demanda del recurso gracias al sector turístico (Cardique-UJTL, 2010); por lo que se hace evidente buscar opciones nuevas que permitan resolver de manera responsable y sostenible los requerimientos tanto de las comunidades como de los visitantes (Cardique-UJTL, 2010).

Figura 55. Composición de la captura de especies por arte de pesca en el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, durante el período comprendido entre noviembre de 2007 y diciembre de 2010.

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Fuente: Martínez-Viloria et al., 2011.

Otro de los impactos que generan estas prácticas de pesca según Invemar-MADS (2012) es la alteración de nichos tróficos y reproductivos así como la interrupción de cadenas tróficas y de procesos ecológicos por la destrucción del medio bentónico que finalmente se ve reflejado en la pérdida de biodiversidad.

Sobrepesca

La pesca junto con el turismo es una de las principales actividades económicas de los pobladores de los archipiélagos, sin embargo esta actividad está generando una fuerte presión sobre los recursos pesqueros debido a su sobreexplotación para cubrir la alta demanda precisamente proveniente de la actividad turística. En buena parte la sobrepesca se facilita por las artes o métodos que son utilizados para la captura de especies que bien, o permiten atrapar grandes volúmenes de pesca o son selectivos.

A pesar de que el acuerdo 0066 de 1985 del Inderena en su artículo 17 señala que se encuentra prohibida “la pesca submarina…cualquier tipo de pesca o extracción de especies hidrobiológicas con dinamita y con métodos y aparejos no selectivos, en especial en las bocas o dentro de las lagunas o ciénagas costeras” la vigilancia y control de la actividad pesquera se hace complicada por la gran extensión del área y el poco personal disponible.

Es probable que la escasez del recurso pesquero sea un indicador de la falta de regulación en las actividades de pesca extractiva. Además, algunos autores han demostrado que dicha condición es característica de zonas con elevada intensidad pesquera (Chiappone et al., 2000, citado en Invemar 2011a) y como se mencionó anteriormente, las inadecuadas artes o métodos de pesca facilitan y favorecen la sobreexplotación de dicho recurso.

La disminución de la pesca es un efecto generalizado en todo el Caribe ya que de acuerdo con Invemar (2001) las capturas presentaron entre 2006 y 2010 sus estimaciones más bajas del tiempo evaluado, registrando para 2010 un declive del 11,5 % con respecto al 2009.

Los impactos que genera la sobrepesca derivan en una disminución de la tasa de captura de especies comerciales, de la abundancia de peces de gran tamaño, de la riqueza de especies, de las tallas de captura, de las agregaciones reproductivas y complejidad del hábitat. También produce cambios en la composición de la comunidad y aumento de la abundancia de especies no comerciales (Invemar, 2011). Además, afecta la integridad trófica al remover depredadores tope generando cascadas que afectan otros gremios. La explotación de los peces herbívoros altera la dinámica entre corales y algas removiendo el control natural del crecimiento rápido de las algas. Las prácticas de pesca destructiva afectan directamente el ecosistema cambiándolo física y ecológicamente (López-Angarita et al., 2011). La sobrepesca genera aún más presión sobre el recurso que con el tiempo disminuye las capturas, lo que genera entonces menores recursos y así el ciclo sigue hasta el punto de generar condiciones insostenibles que terminan por acabar con esta actividad productiva (Cardique-UJTL, 2010).

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Turismo

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El turismo es una de las mayores industrias a nivel mundial, se estima que contribuye al 10% del PIB mundial y genera 3 de cada 8 empleos (Aguilera et al., 2006). A pesar de que la industria turística en Colombia contribuye con escasos 2,8 % al PIB nacional (MINCIT, 2013), ciudades como Cartagena de Indias depende mayoritariamente del turismo siendo la actividad económica principal de los asentamientos en el archipiélago del Rosario mientras que en San Bernardo es la segunda actividad económica (MADS, 2012; CRCCB, 2008). De acuerdo con Rivera (2010) el 39 % de los habitantes de las islas del Rosario (de un total de 773 habitantes) se dedican al sector turismo y servicios asociados y el 23 % lo hace en las islas de San Bernardo (de 637 habitantes).

Los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo tienen unas de las tasas de visitas más altas con un promedio anual de 340.800 turistas, 88 % nacionales y 12 % extranjeros (SITCAR, 2013, Mendoza et al., 2011). La cantidad de visitas anuales ha estado en constante aumento los últimos siete años llegando a duplicarse en 8 años (Figura 2-3). Hacia los archipiélagos puede accederse desde el muelle La Bodeguita en Cartagena y desde Tolú, aun así, se desconoce el número de embarcaciones privadas que entran al archipiélago que zarpan desde las marinas privadas en Cartagena, alrededor de 5 marinas y cinco muelles privados.

FIGURA 2 3. NÚMERO DE VISITAS ANUALES AL PNNCRSB (INCLUYE TURISTAS NACIONALES Y EXTRANJEROS) EN EL PERÍODO (2005-2012).

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Fuente: Adaptado de SITCAR (2013) y TNC-INVEMAR (2012).

La motivación principal de visita a las islas es el sol y la playa (Mendoza et al., 2011), pero es común la pasadía en hoteles y casas privadas, natación recreativa, así como ecoturismo por lagunas y senderos ecológicos además del buceo por senderos, en menor medida, se practica el uso de motos náuticas y la navegación con vela (TNC-Invemar, 2012; Mendoza et al., 2011). En las Islas del Rosario se practican estas actividades en Isla Grande, Isla Pirata y San Martín de Pajarales (Oceanario e Isla Pavitos), mientras que en el archipiélago de San Bernardo estas actividades (exceptuando las motos náuticas) se concentran en Isla Múcura e Isla Tintipán. La Figura 2-4 muestra las zonas donde se lleva a cabo la actividad turística. En Isla Grande el 56 % del área se dedica al turismo, esto incluye instalaciones y espacios de recreación, mientras que en Tintipán e Isla Múcura el área dedicada al turismo representa el 27 % y 0,9 % respectivamente; a pesar de la alta afluencia de turistas a estas dos islas, al área terrestre dedicada es pequeña, en parte por la predominancia de la recreación marina.

Algunas islas concentran en mayor o menor medida la actividad turística de los archipiélagos. Un indicador de cómo se está manejando el turismo es la capacidad de carga, la cual integra factores ecológicos y socioeconómicos del lugar para mostrar si la actividad realizada en el lugar sobrepasa su capacidad ecológica, socioeconómica y de gestión institucional. La Tabla 1-5 muestra la capacidad de carga de Isla Grande, Múcura y Tintipán, incluyendo la capacidad de carga física y efectiva, la primera se refiere al espacio disponible para la realización de la actividad mientras que la segunda se refiere a la capacidad de gestión que tiene dicha área. Para el presente caso se demuestra que la actividad realizada en dichos lugares sobrepasa en exceso su capacidad para soportar dichas actividades, es decir no es sostenible.

FIGURA 2-4. ÁREA TERRESTRE DEDICADA A LA ACTIVIDAD TURÍSTICA EN LAS PRINCIPALES ISLAS DE LOS ARCHIPIÉLAGOS DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO Y DE SAN BERNARDO.

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Tabla 1-5. Capacidad de carga turística en los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo.

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Fuente: TNC-Invemar, 2012.

Dada la fuerte relación del turismo en los archipiélagos con Cartagena, las tendencias del turismo en la ciudad sugieren que la afluencia de visitantes al PNN Corales del Rosario y San Bernardo será más pronunciada en los próximos años. Por ejemplo, a pesar de que el turismo es fuertemente influenciado por la economía global, la recesión económica del 2011 no ha impedido que el turismo extranjero siga en crecimiento (Figura 50). Esta tendencia no es diferente para los visitantes que llegan en cruceros cuyo incremento se ha multiplicado en siete, pasando de 42.024 a 305.932 en el período 2006-2011 (SITCAR, 2013). Adicionalmente, para el período 2013-2016 se planea incrementar la oferta hotelera de 9.757 a 12.440 habitaciones (Figura 51). Todo lo anterior sugiriere que cada año, Cartagena de Indias se perfila como un destino turístico apetecido y por lo tanto el ingreso al PNNCRSB tendrá mayor demanda.

FIGURA 2-5. NÚMERO DE TURISTAS EXTRANJEROS CUYO DESTINO PRINCIPAL ES CARTAGENA.

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Fuente: SITCAR, 2013.
FIGURA 2 6. INCREMENTO DE OFERTA HABITACIONAL TURÍSTICA EN EL DISTRITO DE CARTAGENA (2013-2016).

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Fuente: SITCAR, 2013.

Presiones de la actividad turística. Turismo masivo

De acuerdo con SITCAR, 2013, los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo tienen una de las tasas de visitas más altas con un promedio anual de 340.800 turistas. A lo largo de las años se ha evidenciado cómo esta cifra ha aumentado de forma acelerada ya que entre los años 2005 y 2010 el promedio anual era de 276.370 (TNC-Invemar, 2012). Sin embargo, estas cifras registradas de la entrada de turistas a los archipiélagos esta subestimada pues no se tiene conocimiento de cuánta gente zarpa de las marinas privadas, así que no se tienen datos de la estimación total de personas que realmente entran al área.

Las actividades que se derivan de la actividad turística en los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo generan los siguientes impactos:

Ruido y vibración de las embarcaciones: la suspensión de sedimentos y aumento en la turbidez del agua ocasionada por la navegación de lanchas rápidas.

Residuos sólidos: de acuerdo con Mendoza et al. (2001) el 100 % de las zonas sumergidas de las playas presentan residuos sólidos depositados sobre los pastos marinos, sedimentos blandos y áreas rocosas o coralinas, de los cuales el 49 % está constituidos por material plástico, en su mayoría de tipo desechable (vasos, cucharas, botellas, paquetes de comidas, bolsas plásticas, etc). En estas playas no existen suficientes centros de acopio, no se realiza separación en la fuente y la frecuencia de recolección no es la adecuada de acuerdo al flujo de visitantes. Lo anterior, sumado a la falta de conciencia de visitantes y operadores turísticos, contribuye a la problemática actual de residuos sólidos. Los residuos sólidos alteran la estética del paisaje lo que conlleva a una reducción de la satisfacción de los visitantes; trae riesgos para la salud y seguridad humana por liberación de sustancias peligrosas o materiales cortopunzantes y puede generar ingestión de residuos sólidos por parte de la fauna marina.

Contaminación marina: vertimiento de combustibles y aceites por las embarcaciones. Mendoza et al. (2011) determinó que el 56 % de las embarcaciones prestadoras del servicio de transporte que entran a la zona de los archipiélagos del Rosario y de San Bernardo tienen motores de dos (2) tiempos los cuales vierten entre 25 % y 30 % del combustible (gasolina y aceite) directamente al agua y al aire sin pasar por combustión (EPA, 2008) y de acuerdo con Cardique-UJTL (2010) estas sustancias químicas cuando son depositadas en el agua, eventualmente se incorporan dentro de la cadena alimenticia, resultando en defectos y deficiencias de los organismos acuáticos (Cardique-UJTL, 2010).

Erosión de playas: incremento del oleaje por la alta velocidad de las embarcaciones. El tránsito de embarcaciones a alta velocidad y el desarrollo de actividades náuticas prohibidas (motos náuticas, esquí acuático) generan incrementos en el oleaje que magnifican los procesos erosivos y afectan las comunidades asentadas en los bordes lagunares (raíces de manglar) (Invemar et al., 2003).

Buceo y careteo (snorkeling): rompimiento y pisoteo de las colonias de coral por contacto directo del buzo, daño físico sobre colonias de coral por hélices y anclas de embarcaciones, aumento en la carga de sedimentos que caen sobre corales al ser resuspendidos por efecto de las aletas o de anclas y que les causan su muerte parcial o total (Davis y Tisdell, 1995; Hawkins et al., 1999; Jameson et al., 1999; Zakai y Chadwick-Furman, 2002). En el archipiélago de San Bernardo y en áreas cercanas al de Nuestra Señora del Rosario se han observado volcamientos, rayones y fragmentaciones en colonias altamente expuesta a turistas (Rojas, 2004, citado en Invemar, 2011).

Extracción de recursos marinos: para comercialización y souvenirs para los turistas. Según Ordosgoitia & Zarza-González (2001), la comercialización de material biológico para elaboración de artesanías y venta directa a los visitantes es una actividad comercial en los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo y surge a partir del desarrollo de las actividades turísticas que allí se realizan.

Mayor demanda de recursos pesqueros: se ve representado por un aumento en el esfuerzo pesquero en el área, como es el caso del caracol pala (E. gigas) entre otros (ver capítulo 1.9) cuya captura se lleva a cabo sin ningún control, permitiendo la extracción de animales por debajo de la talla de madurez sexual y la consecuente disminución de las poblaciones de estas especies. De acuerdo con Cardique-UJTL (2010) el aumento de visitantes al archipiélago genera automáticamente una mayor demanda por los recursos pesqueros.

 

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Comercio y Artesanías

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Tanto en las islas del Rosario como en San Bernardo el comercio es una actividad importante debido a que se puede alternar con otras actividades principales como la pesca. Dentro de las islas del archipiélago el comercio se basa principalmente en el consumo local donde para islas del Rosario el licor representa el 66 %, seguido de miscelánea con un 20 % y 13 % víveres; mientras que en el archipiélago de San Bernardo el porcentaje es de un 33 % para los tres productos.

Por otro lado, la venta de artesanías y recordatorios es una actividad que ejercen los habitantes de las islas de los archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y de San Bernardo (Cardique-UJTL, 2010; Ordosgoitia & Zarsa-González, 2011). Sin embargo, la comercialización de estos productos genera ingresos para la comunidad pero también genera presión sobre ciertas especies de invertebrados (moluscos, corales, equinodermos, crustáceos) y vertebrados (tortugas marinas), ya que las artesanías se elaboran a partir de especies que se extraen exclusivamente para este fin, como es el caso de las estrellas de mar, y otras son elaboradas a partir de subproductos de recursos pesqueros como las conchas y los caparazones de tortuga carey (Ordosgoitia & Zarsa-González, 2011).

No obstante, estas prácticas se han reducido gracias a las campañas que lleva a cabo la Unidad de Parques Nacionales y han sido reemplazados por materiales como madera, totumo, caracuchas y materiales reutilizables como latas de cerveza (Invemar, 2003; Invemar, 2012).

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Agricultura y Extracción Forestal

La historia de la extracción forestal y producción agrícola de las islas del Rosario y San Bernardo es la historia de los pulsos de las necesidades continentales. La potencial oferta de recursos pesqueros fue el factor determinante para el asentamiento de indígenas provenientes del continente, con ellos la agricultura de subsistencia comenzó en el archipiélago con cultivos de yuca, cañafístula, guayaba y níspero, entre otros (Elvás, 2008). Posteriormente con la llegada de la población africana y colonos mestizos se diversificaron los cultivos con plátano, arroz, ñame, patilla, melón, guayaba, papaya e icaco y se empezaron a establecer cultivos extensivos de coco. Para 1860 el intercambio económico con Tolú, Rincón y Cartagena permitió la migración de afrodescendientes y colonos además del establecimiento de fincas y cultivos extensivos de coco (Leiva, 2012; Ordosgoitia, 2011). Hacia finales del siglo XIX la demanda de coco por la ciudad de Cartagena convirtió los archipiélagos en sus abastecedores presentándose las grandes cocoteras que generaron por varios años un muy buen ingreso para los comerciantes (Durán, 2007), hasta finales de 1920 y comienzos de 1930, cuando la producción de coco se vio menguada principalmente por plagas (Heckadom, 1970, Ordosgoitia, 2011). Paralelamente a la caída de las cocoteras, la demanda de carbón para labores domésticas en Cartagena crecía y la producción de carbón vegetal se incrementó a partir de la explotación del mangle colorado: uvito playero (Coccoloba uvifera), mangle zaragoza (Conocarpus erectus) y mangle rojo (Rhizophora mangle). La extracción forestal decayó hacia los años 60 con la introducción de la electricidad en Cartagena y la disminución de la necesidad de carbón (Ordosgoitia, 2011).

El actividad forestal y agrícola actual no ha tenido mayores variaciones a su uso histórico, en parte por su relativo aislamiento geográfico que hace costosa la expansión agrícola y por su carácter de Parque Nacional que limita las actividades económicas (Cardique-UJTL, 2010). La actividad agrícola en las islas está destinada primordialmente al autoconsumo y secundariamente al comercio local, siendo el coco el cultivo de mayor importancia para ambos archipiélagos (Tabla 1-7). La agricultura es la actividad económica más importante en las islas de San Bernardo valorada en $713.000 millones de pesos en beneficios y es la segunda actividad económica de las islas del Rosario ascendiendo a $45.000 millones de pesos (Bayona, 2010).

El proyecto identificó un total de 391,3 hectáreas de mosaicos de ecosistemas naturales entremezclados con espacios destinados al cultivo de plátano, cultivos herbáceos y arbóreos distribuidos en las islas Ceycén, Tintipán, Múcura, Panda, Palma Caribarú, Gigi, Isla Grande, Isla Pirata, Macabí. El uso actual puede ser más diverso (Tabla 1-8), incluyendo extracción maderera para cocinar, construcción y establecimiento de lotes, (Cardique, UJTL, 2010; Invemar-MADS 2012). El uso agropecuario incluye cultivos de pancoger como coco, plátano, yuca, ñame y frutales como icaco, níspero, papaya, anón, limón, mamón, hobo, patilla, melón ahuyama, berenjena, ají y pimentón (Flórez & Etter, 2003; Invemar-MADS, 2012).

Tabla 1-7 Extensión y beneficios económicos de las actividades agropecuarias.

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Fuente: adaptado de Bayona, 2010.

Tabla 1-8. Uso actual del suelo correspondiente a las actividades de extracción forestal y agricultura del Área Marina Protegida.

Fuente: Adaptado de MADS, 2012.

Transporte

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Aunque la base del desarrollo económico y social de las islas se centra en el turismo, otras actividades relacionadas con el sector económico se basan en la agricultura, la pesca y el transporte. Este último de vital importancia dada su posición geográfica, el cual se lleva a cabo a través del uso marítimo y portuario por parte de diferentes tipos de embarcaciones, principalmente lanchas rápidas o canoas artesanales como de transporte de insumos y materiales, turísticas y de carácter militar es la vía más directa para acceder a ellas (CIOH-Cardique, 1998; Invemar, 2012).

El número de visitantes es difícil de estimar debido a la accesibilidad al área y a la dispersión de los puntos de acceso a las islas ya que no es fácil contabilizar a quienes cuentan con transporte marítimo privado (existen alrededor de 5 marinas y cinco muelles privados). Sin embargo, existen 184 muelles en las islas que cumplen con la función de embarcaderos de pasajeros, siendo para la ciudad de Cartagena “La Bodeguita” el único muelle autorizado para zarpar con pasajeros en lanchas de uso comercial, del que sale más del 50 % del total de los turistas y son transportados en un número aproximado de 50 embarcaciones (Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias, 2001; UAESPNN, 2006); Invemar, 2012).

Aunque de acuerdo con lo anterior, podría decirse que la oferta de transporte hacia el archipiélago es suficiente, la falta de infraestructura de transporte público ha llevado a la población local a hacer uso del transporte de insumos o turístico como medio de transporte urbano. Así mismo, pese a que existen lanchas destinadas al transporte marítimo entre las islas, la mayoría de habitantes no cuentan con la posibilidad de movilizarse de una isla a otra y hacia el continente debido a los costos que esto implica (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005; UAESPNN, 2006).

No obstante, el transporte marítimo genera impactos, algunos que traen beneficios y otros que a largo plazo pueden llegar a afectar los bienes y servicios; dentro de los primeros está el de generar ingresos económicos, prestar un servicio a la comunidad, generar trabajo y promover la organización comunitaria; por otro lado, el constante uso de esta actividad puede ocasionar el incremento del oleaje promoviendo la erosión costera, contaminación de las aguas por hidrocarburos y el ruido generado por el flujo constante de lanchas (Cardique-UJTL, 2010).

Por otro lado, al interior de las islas, como es el caso de Isla Grande, las vías de comunicación son múltiples senderos que atraviesan el bosque seco y comunican el asentamiento central con cada una de las construcciones dispersas (UAESPNN, 2006). Las vías de comunicación existentes en el Islote están dadas por espacios públicos significativamente limitados y escasos senderos peatonales producto de las áreas existentes entre cada una de las casas que comparten los callejones. En Isla Múcura los espacios públicos están limitados a escasos senderos peatonales formados a partir de los caminos que unen las viviendas (Invemar-UAESPNN-NOAA, 2005).

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